Celebrating Feminists’ Voices, Inspiring Global Peace

Long read

#MilitarisedMasculinities

Reflexiones para confrontar el sistema militarista y militarizado en Colombia: palabras, prácticas y análisis feministas

En este webinario organizado por WILPF y WILPF Colombia (LIMPAL), los panelistas abordaron la militarización de las masculinidades en Colombia, y cómo las décadas de conflicto armado en el país han tenido un grave impacto en el mismo y han establecido una cultura que normaliza la violencia. El webinario también analizó los esfuerzos del actual gobierno en el contexto de su política de “paz total”.



Image credit: LIMPAL
Diana María Salcedo López, Angelica Pino and Reem Abbas
30 September 2023

“Yo nunca tuve novia, ni nunca la tendré, / Si alguna vez yo tuve, los ojos le saqué”

Fecha: 29 de agosto del 2023

Resumen: En este webinario organizado por WILPF y WILPF Colombia (LIMPAL), los panelistas abordaron la militarización de las masculinidades en Colombia, y cómo las décadas de conflicto armado en el país han tenido un grave impacto en el mismo y han establecido una cultura que normaliza la violencia. El webinario también analizó los esfuerzos del actual gobierno en el contexto de su política de “paz total”.

El webinario lo moderó Angélica Pino, coordinadora del programa de Mobilizando a los Hombres por la Paz Feminista en la Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad, y los panelistas fueron:

Andrea Castillo, feminista, trabajadora social, educadora popular.

Diana Salcedo López, presidenta de WILPF Colombia o LIMPAL (la Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad).

Alejando Parra, de Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia. 

Principales conclusiones

Abordar las masculinidades militarizadas: una contribución feminista intelectual y pragmática a la paz. 

Angélica Pino presentó la crucial abundancia que existe en la investigación que el programa de WILPF Mobilizando a los Hombres por la Paz Feminista ha realizado en los últimos tres años en diversos temas, así como en el contexto de los cuatro países en que se centra el programa durante el período 2020-2022. Estos informes de investigación son la piedra angular de los debates de una serie de webinarios; por ejemplo, el presente, con LIMPAL. Pino recordó a los oyentes que la idea de trabajar con aliados masculinos ya se concibe desde hace mucho en WILPF.

“Un ejemplo: en una reunión con la sección del Reino Unido en 2010, la célebre miembro académica de WILPF Cynthia Cockburn le recordó a su público la necesidad de elaborar un análisis de género sobre las guerras, en y a lo largo de los movimientos pacifistas, y también describió a los hombres como una fuente inutilizada que podría incluirse en la lucha; particularmente, si son hombres críticos con el patriarcado, comprometidos con estrategias no violentas y con un movimiento antimilitarista y pro paz”, declaró Pino.

Diana Salcedo López conceptualizó el trabajo de LIMPAL sobre las masculinidades militarizadas y afirmó que “hablar de feminismo antimilitarista, implica tocar la base de las estructuras violentas de desigualdad. Para nosotras, el feminismo antimilitarista y la paz feminista son dos herramientas intrínsecamente vinculadas; mantienen un diálogo la una con la otra, en tanto reflexionan sobre las causas que promueven las violencias contra las mujeres y proponen herramientas para resolver los conflictos por vías no violentas. Además, la paz feminista busca brindar elementos para garantizar esta paz, la idea de la no guerra, centrándose en las desigualdades estructurales de los sujetos que más opresión han sufrido”.

López añadió que “este webinario es también parte del desarrollo de nuestra agenda política y programática” y que “como vemos en el desarrollo del mismo, existen posturas que no siempre son cómplices, que a veces son antagonistas; pero esto nos ayuda a construir una postura critica desde el feminismo antimilitarista”.

Las masculinidades y el conflicto armado en Colombia

Andrea Castillo empezó mencionando que lleva años investigando las masculinidades y la relación que tienen con el conflicto armado en Colombia, particularmente en dos escenarios o en dos grupos armados no estatales: un grupo de guerrilla y un grupo paramilitar. En este sentido, Castillo defendió que “el militarismo es uno de esos fenómenos sociales que la teoría de género y los estudios sobre la masculinidad utilizan para analizar las asimetrías y las jerarquías en el poder, que la violencia sedimenta”. Añadió además que el militarismo, o la militarización, no sólo lleva presente en Colombia más de 70 años, sino que se ha convertido en parte del día a día de las colombianas y colombianos.

“El militarismo también forma parte de un discurso y una práctica que terminan anclando una matriz colonial, una matriz de imposición de territorios, una matriz patriarcal que emplea, por ejemplo, el cuerpo de las mujeres y el territorio de un país. En ese sentido, no se puede hablar de militarización sin hablar de esta matriz colonial, capitalista y patriarcal. Por otro lado, la militarización se ha legitimado, y esto ha terminado desembocando en lo que podemos denominar una dicotomía moral del bien y el mal, de enemigos y amigos de la paz, de víctimas y culpables, de cierta manera. Si no se logra superar esto desde los mismos ejercicios de memoria, resultará muy complicado apostar por la paz total”, afirmó Castillo.

Castillo sostiene que la militarización se ha convertido en una forma de gestionar el orden y el control en el país, e incluso la presencia del Estado genera miedo y vulnerabilidad en los ciudadanos, pues su lugar en la matriz lo vincula a este peligroso discurso de defensa y seguridad.

Militarismo y/o Militarización

Alejandro Parra, de Acción Colectiva de Objetores y Objetoras de Conciencia, estableció una clara distinción entre el militarismo y la militarización. Parra sostiene que “el militarismo implica un sistema de valores, códigos y símbolos, algunos de los cuales son vigentes desde hace milenios. No obstante, la militarización se asemeja a una política gubernamental, una decisión en que se implican los recursos estatales y se establece una dinámica que la hace posible. El Estado tiene que legitimar la militarización de manera muy consistente para que se entienda que es esencial, y asñi contar con toda la fuerza pública disponible, y con la inversión en la fuerza militar, en el gasto militar y en la militarización de la policía”.

Como activista que trabaja sobre la objeción de conciencia, y como objetor concienciado, Parra habló del servicio militar obligatorio que existe en Colombia desde hace 128 años. Refiriéndose a la creación del mismo en el contexto del desfile militar del 20 de julio, afirmó que “se trata de una estrategia estatal para establecer una falsa narrativa en torno a la identidad, como si le debiésemos nuestra identidad a un tipo de guerreros armados que consiguieron la independencia; esto es falso, y pasa completamente por alto la lucha de los pueblos Cimarrones y Palenques, que mostraron desobediencia a la corona, o la lucha de las comunidades indígenas. Hace 128 años se instituyó esa nueva narrativa nacional”.

Cada 20 de julio, el ejército celebra a esos guerreros armados; se trata de una tradición arraigada en Colombia. Pino añadió que esto se refleja en la historia de muchos países en América Latina, en los que “esta idealización de las guerras por la independencia ha alimentado a la cultura de la violencia”.

A este respecto, López declaró que “esta construcción de sujetos militarizados asociados con la militarización, que se han creado para fomentar el control que un individuo ejerce sobre otro no se lleva a cabo en aras de la paz; en realidad, el objetivo es mantener el control. Precisamente, esta construcción de la militarización y de sujetos militarizados en Colombia también la acentúan otros elementos, que podríamos denominar marcadores sociales. Estos van más allá de la construcción del sujeto en cuestión, y, naturalmente, están vinculados a cuestiones raciales, de clase, de condición sexual, de identidad de género, y otros aspectos también implicados en la construcción de los mandantes de la masculinidad”.

López también respaldó los argumentos de Parra, añadiendo que para analizar los valores que conforman los mandantes de la masculinidad hegemónica (que, naturalmente, suponen la base de la estructura militarizada), es preciso examinar los canales que la institucionalizan; a saber, la educación, las escuelas, las universidades, o, por ejemplo, los discursos que generan los medios de comunicación, los que están presentes en la comunicación diaria con las personas. Este aspecto está también relacionado con la militarización, las políticas públicas y la distribución de recursos.

“Mientras mantengamos un país que promueva y brinde beneficios a quienes hagan perdurar una sociedad que desee más héroes, que desee fortalecer la estructura militar (y no únicamente por esos beneficios); un país en que la idea de seguridad y protección se asocie con el uso de armas, y un país en que una persona ataviada con un uniforme de las fuerzas del ejército sea un símbolo de seguridad… seguiremos viendo cómo esta clase de valores se generan a diario y se acentúan mediante políticas públicas. Es esta la misma lógica que la que se esconde tras la idea de la ‘feminización’ de las fuerzas del ejército mediante el reclutamiento de mujeres, o el fomento del reclutamiento de quienes deseen pertenecer al mayor ejército de América Latina”, dijo López.

La producción de masculinidades militarizadas centradas en la misoginia

Castillo afirmó que existen referencias de masculinidad para niños y niñas y para familias en el sistema militar y paramilitar; referencias a las que se idealiza por defender la nación, la patria. Estas referencias están dotadas de todos los atributos que se acepta a nivel social y político, porque brindan una estabilidad deseable (o percibida como tal).

“Yo, por ejemplo, recuerdo que en una de las entrevistas que realizamos con los ex paramilitares se me quedó muy grabado que uno de ellos nos contó que, en Caquetá, una región de Colombia, para las mujeres es un privilegio casarse con un ‘paraco’ (un miembro del grupo paramilitar), puesto que les dota de un nuevo estatus. Se empieza así a crear valores culturales que respaldan estas masculinidades, que se tornan más y más deseables. Esta fantasía, la misógina idea de que los uniformes atraen a las mujeres, es un movimiento cultural que convierte a esa masculinidad en una aspiración, y a ese deseo en una referencia”, afirmó Castillo

“De la misma manera, la ideología misógina se inculca mediante una formación que promueve abiertamente la violencia contra las mujeres, como ilustra la canción militar que se cantaba en el ejército de Colombia incluso en el año 2020”, apuntó Parra – “Yo nunca tuve novia, ni nunca la tendré. Si alguna vez yo tuve, los ojos le saqué”.

Preguntas para el público

1. ¿Qué mecanismos se usan en las fuerzas del ejército para promover y normalizar la violencia sexual? ¿Puede arrojar luz, por ejemplo, sobre las luchas que se dan entre ellos? ¿Y quién es la persona más violenta dentro y fuera del grupo, son los hombres?

Parra destacó que en la investigación llevaba a cabo se han identificado diversos mecanismos; uno de los principales incluye la “feminización” como manera de humillar o insultar a los soldados. Cuando un soldado no es capaz de completar una actividad o ejercicio, los comentarios que sus superiores le dirigen incluyen frases como “¿Qué pasa, soldado, desea ser enviado al batallón de las mujeres?”. De esta manera se les insulta, se les humilla. Por lo tanto, esta feminización verbal humillante, que también resulta degradante en todo lo tocante a la construcción de la identidad masculina desde la infancia, se ve reforzada por las instituciones militares. Por eso, el abuso sexual en los batallones supone un tabú que no se trata, pese a tratarse de una realizad que lamentablemente no se analiza con la atención suficiente.

Así, la semilla que germina en estos hombres, ya se trate de un batallón o de un grupo armado, es la idea de que, apenas se den las circunstancias, deben tener contacto sexual con una mujer. Este se llevaría a cabo mediante “servicios” (que no lo son, en realidad) que suponen una explotación sexual, y que se denominan “casas de lenocinio”; es en estos lugares donde se da dicha explotación.

También puede darse una situación en que varios soldados empiecen a enamorarse de una mujer o de una adolescente que esté cerca del batallón (tal y como Castillo mencionó) debido a este ridículo fetiche carente de sentido, pero presente culturalmente en el terreno; el uniforme es sinónimo de atractivo sexual. De esta manera, el soldado se vuelve más atractivo por llevar uniforme y encuentra novia con más facilidad, así como un hombre armado resulta más atractivo por el hecho de poseer una pistola, elemento poderoso y referente masculino. En otros grupos armados, además de una pistola, un hombre puede poseer también una moto, lo que le suma clase. Como consecuencia, las tasas de embarazos adolescentes son elevadas, lo cual es responsabilidad directa de los actores armados; además, la mayor parte de estos hombres no asumen su responsabilidad con respecto a esos embarazos, en el contexto de la “inasistencia alimentaria”, el segundo delito más cometido por los hombres en el país. 

Aparte de la invisibilización de la violencia, existe otro mecanismo propio del ejército y de la policía: cuando se emiten quejas sobre violencia doméstica cometida por miembros del ejército, las instituciones se inventan secciones de mediación internas que no existen en el sistema jurídico. Al llevar a cabo nuestras investigaciones, hemos recibido varios testimonios de mujeres que afirman haber “ido al batallón a anunciar que mi marido, perteneciente al mismo, me pegaba. Lo que hicieron fue enviar a ‘la oficina de asuntos familiares del batallón’, que no existe legalmente”. En muchas de esas ocasiones, el oficial “mediador” es un coronel o un teniente miembro de alguna iglesia de confesión cristiana.

Puede ver el seminario web completo aquí

Puede leer el informe de investigación publicado aquí.

También puede leer nuestro otro informe aquí.

Share the post

Diana María Salcedo López, Angelica Pino and Reem Abbas

Diana Salcedo López, presidenta de WILPF Colombia o LIMPAL (la Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad).

Angélica Pino, coordinadora del programa de Mobilizando a los Hombres por la Paz Feminista en la Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad.

Reem Abbas, coordinadora de Comunicaciones de Mobilizando a los Hombres por la Paz Feminista en la Liga Internacional de las Mujeres por la Paz y la Libertad.

 

Your donation isn’t just a financial transaction; it’s a step toward a more compassionate and equitable world. With your support, we’re poised to achieve lasting change that echoes through generations. Thank you!

Thank you!

Melissa Torres

VICE-PRESIDENT

Prior to being elected Vice-President, Melissa Torres was the WILPF US International Board Member from 2015 to 2018. Melissa joined WILPF in 2011 when she was selected as a Delegate to the Commission on the Status of Women as part of the WILPF US’ Practicum in Advocacy Programme at the United Nations, which she later led. She holds a PhD in Social Work and is a professor and Global Health Scholar at Baylor College of Medicine and research lead at BCM Anti-Human Trafficking Program. Of Mexican descent and a native of the US/Mexico border, Melissa is mostly concerned with the protection of displaced Latinxs in the Americas. Her work includes training, research, and service provision with the American Red Cross, the National Human Trafficking Training and Technical Assistance Centre, and refugee resettlement programs in the U.S. Some of her goals as Vice-President are to highlight intersectionality and increase diversity by fostering inclusive spaces for mentorship and leadership. She also contributes to WILPF’s emerging work on the topic of displacement and migration.

Jamila Afghani

VICE-PRESIDENT

Jamila Afghani is the President of WILPF Afghanistan which she started in 2015. She is also an active member and founder of several organisations including the Noor Educational and Capacity Development Organisation (NECDO). Elected in 2018 as South Asia Regional Representative to WILPF’s International Board, WILPF benefits from Jamila’s work experience in education, migration, gender, including gender-based violence and democratic governance in post-conflict and transitional countries.

Sylvie Jacqueline Ndongmo

PRESIDENT

Sylvie Jacqueline NDONGMO is a human rights and peace leader with over 27 years experience including ten within WILPF. She has a multi-disciplinary background with a track record of multiple socio-economic development projects implemented to improve policies, practices and peace-oriented actions. Sylvie is the founder of WILPF Cameroon and was the Section’s president until 2022. She co-coordinated the African Working Group before her election as Africa Representative to WILPF’s International Board in 2018. A teacher by profession and an African Union Trainer in peace support operations, Sylvie has extensive experience advocating for the political and social rights of women in Africa and worldwide.

WILPF Afghanistan

In response to the takeover of Afghanistan by the Taliban and its targeted attacks on civil society members, WILPF Afghanistan issued several statements calling on the international community to stand in solidarity with Afghan people and ensure that their rights be upheld, including access to aid. The Section also published 100 Untold Stories of War and Peace, a compilation of true stories that highlight the effects of war and militarisation on the region. 

IPB Congress Barcelona

WILPF Germany (+Young WILPF network), WILPF Spain and MENA Regional Representative

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Mauris facilisis luctus rhoncus. Praesent eget tellus sit amet enim consectetur condimentum et vel ante. Nulla facilisi. Suspendisse et nunc sem. Vivamus ullamcorper vestibulum neque, a interdum nisl accumsan ac. Cras ut condimentum turpis. Vestibulum ante ipsum primis in faucibus orci luctus et ultrices posuere cubilia curae; Curabitur efficitur gravida ipsum, quis ultricies erat iaculis pellentesque. Nulla congue iaculis feugiat. Suspendisse euismod congue ultricies. Sed blandit neque in libero ultricies aliquam. Donec euismod eget diam vitae vehicula. Fusce hendrerit purus leo. Aenean malesuada, ante eu aliquet mollis, diam erat suscipit eros, in.

Demilitarisation

WILPF uses feminist analysis to argue that militarisation is a counter-productive and ill-conceived response to establishing security in the world. The more society becomes militarised, the more violence and injustice are likely to grow locally and worldwide.

Sixteen states are believed to have supplied weapons to Afghanistan from 2001 to 2020 with the US supplying 74 % of weapons, followed by Russia. Much of this equipment was left behind by the US military and is being used to inflate Taliban’s arsenal. WILPF is calling for better oversight on arms movement, for compensating affected Afghan people and for an end to all militarised systems.

Militarised masculinity

Mobilising men and boys around feminist peace has been one way of deconstructing and redefining masculinities. WILPF shares a feminist analysis on the links between militarism, masculinities, peace and security. We explore opportunities for strengthening activists’ action to build equal partnerships among women and men for gender equality.

WILPF has been working on challenging the prevailing notion of masculinity based on men’s physical and social superiority to, and dominance of, women in Afghanistan. It recognizes that these notions are not representative of all Afghan men, contrary to the publicly prevailing notion.

Feminist peace​

In WILPF’s view, any process towards establishing peace that has not been partly designed by women remains deficient. Beyond bringing perspectives that encapsulate the views of half of the society and unlike the men only designed processes, women’s true and meaningful participation allows the situation to improve.

In Afghanistan, WILPF has been demanding that women occupy the front seats at the negotiating tables. The experience of the past 20 has shown that women’s presence produces more sustainable solutions when they are empowered and enabled to play a role.

Skip to content